miércoles, 28 de diciembre de 2016
¿Has hecho valer tu frágil y pasajera estadía?
Soy el único lamento mudo en esta existencia cotidiana, de nuestra historia. Me veo hoy en el reflejo turbio de mis ojos frente al espejo sin reconocerme, le pregunto al desconocido delante mío pero solo logro suspiros en el aire atormentando más mis dudas. Converso en silencio con mis canas mientras recorro los caminos profundos del tiempo alrededor de mis humedecidas pestañas. Rastros irrefutables del paso constante de inviernos. Lágrimas vacilan en iniciar un descontrolado e incomprensible sollozar de emociones afligidas. ¡Soy fuerte! me miento con los clichés habituales de una falta de realidad de un marcado sentir. Resulta muy fácil aconsejar cuando se tiene lejos el problema, pero en este caso particular no había escapatoria, era yo frente a frente.
¿Quizá pueda encontrar tan solo uno de esos momentos en donde viviste feliz a mi lado? ¿Como conservar intacto en ti, el bello recuerdo de un ayer? El mar de posibilidades se reduce a una pequeña lágrima en su paso por la mejilla.
Uno más de los temores constantes del hombre moderno surge a la luz, el existencialismo del decisivo inicio del final. Es una tortura ocluida en lo más profundo de nuestro pensamiento, pero existe, es real, es una certeza inminente, en este mundo todo tiene una fecha de comienzo de igual manera una marca en el calendario que concluye el paso por la vida. Y en algún momento, sin importar la edad del instante, descubrimos a nuestro reflejo en el espejo, preguntándonos... ¿Ha valido la pena? ¿Has hecho valer tu frágil y pasajera estadía?.
F.B.H. 28.12.2016
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domingo, 18 de diciembre de 2016
La última vez que simplemente fui libre
¿Recuerdas la última vez que sin preocupaciones, sin nada que temer, sin dudas, simplemente fuiste libre?
Miraste al cielo y suavemente deslizaste tu ser hacia la insospechada gratitud de la libertad. Observar entre las hojas de los árboles, atravesar los brillantes destellos del sol acariciando tu rostro al compás del viento, en una danza entre tu cabello, las hojas de los árboles, y todo tu alrededor. Percibir esa música tan peculiar de su ir y venir, cerrar los ojos un momento y balancearse de un lado a otro formando parte de esa majestuosa pieza. Escuchar con claridad cada mínimo detalle, desde el crujir de la madera hasta el alegre canto del ave, quién parece dirigir la alegre melodía. Abrir de nuevo los ojos y percibir el movimiento coordinado de tu culumpeo hacia delante, hacia atrás y en ese momento agarrar la suficiente y delicada velocidad que te impulsa de nuevo hacia delante.
Lo recuerdo perfecto, lo vivo de nuevo y por un momento me olvido del hoy, del mañana, de la existencia de la sociedad, del mundo, solo yo, la naturaleza, un bello día y una hermosa melodía. Un balanceo casi inocente, como solía hacerlo hace algunos años, sin preocupaciones, sin nada que temer, sin dudas, simplemente fui libre. Algo tan sencillo, tan infantil como el disfrutar de un columpio en el parque de la esquina.
F.B.H. 18.12.2016
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sábado, 10 de diciembre de 2016
"Reencuentro en un momento de luz".
Hubo una vez un mágico reencuentro... sin embargo no fue debido a la distancia, eran muy unidos, no se dio tampoco por falta de atención, daba la vida por él. Fue uno de esos momentos que uno atesora por la espontánea razón de su existir.
Un niño acostumbraba, tumbarse a la sombra de un gran árbol que había en el jardín del colegio. Siempre a la misma hora, miraba hacia arriba con la mirada perdida, como hipnotizado despegaba de la realidad y comenzaba a reír sin razón aparente, movía los brazos como queriendo alcanzar algo, sin lograr conseguirlo. Algunos compañeros del colegio e incluso maestras y adultos que paseaban cercanos a la escena, llegaron a pensar que tenía un problema, que alucinaba o quizá algún ataque misterioso sucedía, de esos asuntos que ni la medicina se explica pero nombre y etiqueta le adjudica.
Un día el Padre del niño estaba en el colegio, cuando llegó la hora exacta del ritual habitual a la sombra del árbol. Lo observó desconcertado, quizá incluso entristeció un poco al ver que algunos niños lo señalaban y entre secretos algo mencionaban de aquel niño. Miro al cielo intentando buscar la razón, no había nada especial. A punto estuvo de pasar por alto el momento, dejarlo pasar. En cambio decidió cambiar el punto de vista y darle una oportunidad a una realidad diferente. Se recostó junto a su hijo, cerró los ojos un momento, suspiró profundamente mientras vacío su mente. Al abrir los ojos se sorprendió del paisaje multicolor, destellos cruzaban entre las hojas que movía el viento en la copa de este majestuoso árbol. Alzó los brazos y los movió de un lado a otro, como si polvo brillante hubiera en el aire, cada que movía los brazos dejaban a su paso una estela de brillos que jugueteaban ente ellos en un baile sin fin. No pudo evitar la carcajada que suele acompañar un momento de inmensa felicidad, de esos que uno tiene cuando menos te lo esperas, cuando olvidas por un momento la realidad de las cadenas sociales. Volteó a ver a su hijo, quien sin ninguna palabra lo miro directo a los ojos, atravesando la carne directo al corazón. El niño le sonrió... ambos comprendieron la magia que existía bajo la sombra del árbol.
El reencuentro se había dado en un momento de luz.
F.B.H. 10.12.2016
Dedicado a Mateo, un niño mágico.
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