Estoy hablando de todas estas iniciativas, conmemoraciones, recuerdo de un ayer doloroso, con algunos logros, con algunos derechos establecidos, con mucho pero mucho sufrimiento.
Hoy en día el mundo se ha tornado un tanto indiferente, un tanto más violento, un tanto más insignificante. Un discurso falso, un mensaje popular en redes sociales donde lo único que importa es una postura, un cliché, una presunción de pertenencia a ciertos estereotipos, que solo demuestra nuestra falta de visión.
Tristemente volteo y veo mujeres capaces, inteligentes, llenas de esplendor, manipuladas por modas, por política, por la misma sociedad en búsqueda de una victoria inalcanzable, diluida por un empoderamiento social verdaderamente ilusorio.
Con tristeza veo a mi hermana, a mis hijas, a mi nieta, a mi esposa, a mi madre, a mi abuela... Todas ellas en una lucha constante para evitar la violencia social, económica, psicológica, emocional, física y de género. Lo que sea que esto signifique, ya no estoy seguro realmente de la acepción correcta, pero me refiero también a la violencia ejercida por mujeres hacia mujeres... dentro y fuera de sus casas, de su oasis.
Seguido de ésto, más y más y más violencia en las calles, en los hogares, en las pantallas chicas o grandes, en el arte o en el pueblo, de ciencia o de asistencialismo. Siempre un discurso, una postura generalizada pero tristemente, nunca una realidad.
A la altura de las estrellas encontramos a las dadoras de vida y de ilusiones, ahí están estos seres de luz, capaces de realizar milagros sin una santidad, fortaleza sin músculo, temple sin acero, pero con una debilidad social, impuesta a través de los años desde los inicios de la historia.
Con un semblante morado casi azulado, feminista por convicción, amante de la mujer al grado más infinito existente. Confieso rotundamente mi abuso, despecho y mucho drama… lastimoso existir, donde he ejerciendo violencia contra la mujer. Sin un justificante aparente, en plan de broma, en plan de juego, en el noviazgo, en el sexo, socialmente aceptado, totalmente educado, totalmente abusivo.
Con mi ser expuesto, ofrece mi corazón una disculpa sincera, un arrepentimiento moral y una aceptación completa. ¡Lo siento tanto! ¡En verdad cuán lastimado está mi ser! ¡El peor verdugo soy de mi! Y me he castigado...
Me castigo al ver en el mundo mi legado.
Seguido de ésto, más y más y más violencia en las calles, en los hogares, en las pantallas chicas o grandes, en el arte o en el pueblo, de ciencia o de asistencialismo. Siempre un discurso, una postura generalizada pero tristemente, nunca una realidad.
A la altura de las estrellas encontramos a las dadoras de vida y de ilusiones, ahí están estos seres de luz, capaces de realizar milagros sin una santidad, fortaleza sin músculo, temple sin acero, pero con una debilidad social, impuesta a través de los años desde los inicios de la historia.
Con un semblante morado casi azulado, feminista por convicción, amante de la mujer al grado más infinito existente. Confieso rotundamente mi abuso, despecho y mucho drama… lastimoso existir, donde he ejerciendo violencia contra la mujer. Sin un justificante aparente, en plan de broma, en plan de juego, en el noviazgo, en el sexo, socialmente aceptado, totalmente educado, totalmente abusivo.
Con mi ser expuesto, ofrece mi corazón una disculpa sincera, un arrepentimiento moral y una aceptación completa. ¡Lo siento tanto! ¡En verdad cuán lastimado está mi ser! ¡El peor verdugo soy de mi! Y me he castigado...
Me castigo al ver en el mundo mi legado.
Hoy confieso tristemente, el progreso es nulo.
Si nos ponemos a pensar, analizar la historia, entender las fechas conmemorativas, seguramente con dolor, encontraremos una falta total y rotunda de apoyo hacia la mujer.
Hoy todos volvemos a la normalidad, sin colores, sin sabores... con un manifiesto claro, con una demostración evidente de una ausencia necesaria, de una ausencia imposible.
Si nos ponemos a pensar, analizar la historia, entender las fechas conmemorativas, seguramente con dolor, encontraremos una falta total y rotunda de apoyo hacia la mujer.
Hoy todos volvemos a la normalidad, sin colores, sin sabores... con un manifiesto claro, con una demostración evidente de una ausencia necesaria, de una ausencia imposible.
Sin embargo hoy el mundo las culpa de una falta económica, de pérdidas empresariales, de agravios a la nación, de bombas de sufrimiento, de política fallida, de muchos pero muchos lugares que se quedaron sin la mujer por un día.

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