miércoles, 10 de octubre de 2018

Los Hijos



Cada hijo es diferente, cada cual ocupa un espacio único e irrepetible, algunos dan más amor, algunos más lecciones, más ternura como más desilusión. No es comparable y jamás pondría eso en cuestionamiento. Con algunos hay mayor preocupación, con otro más tranquilidad. Quizá a uno le permitimos más el defenderse sólo y a otros siempre los conservamos bajo el regazo de nuestra protección. Habrá que defenderlos más, habrá que escucharles, guiarles y dejar el brazo puesto sobre su hombro.


Algunos otros, ni siquiera pudimos contenerlos, simplemente cogieron la mar y embarcaron sin poder siquiera despedirnos, sin haberlos preparado del todo. ¡Nunca habrá madre lista para dejarlos partir!


Pero jamás hablaré de comparar el cariño, no existe aún una medida justa que haga referencia a la intensidad de afinidad entre padres e hijos. Más bien, creo que existen temas inconclusos, pláticas maltrechas que habrán de subsanar el tiempo y la soledad. El simple hecho de pensar en comparar el amor, da la pauta que quizá es posible la diferencia.


Por eso, jamás he de comparar el amor entre hijos... prefiero mejor hablar de resultados. ¿Quien habrá aprovechado de mejor manera mis enseñanzas? ¿Donde está el príncipe librando batallas con el dragón? ¿O la princesa que ahora gobierna el reino?


Ahí debe radicar mi interés como Padre, ¿Que hijo le deje al mundo?”


F.B.H. 29.09.2018

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