Es el deber de un hombre, joven, niño o viejo, enaltecer a la madre; no por la obviedad del respaldo intrínseco en su andar junto a ti. Ni por el apego natural desde el cordón lleno de vida que nos hizo ver las estrellas.
Debería existir por la infinidad de luz en sus ojos brillantes, que iluminaron tu destino al abrir por primera vez la vista al mundo.
No debería de ser solo exclusivo por decreto, lleno de bondades explícitas, más por el poder de arraigo en el vientre, eso sí las convierte en deidad.
Mujer madre de la creación, despliego ante ti mi ser como tributo, como sacrificio a ti...
Diosa de vida, gracias por existir, gracias por la existencia de cada ser que habita el planeta.
F.B.H. 10.05.2019
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